Relocalizar en Francia es una batalla
Hoy hacemos todo lo posible por producir en Francia. Es nuestra ambición, nuestro motor. Pero la realidad es dura: algunos saberes han desaparecido sin más de nuestro país. Mira nuestras flores artificiales: se fabrican en Asia. ¿Por qué? Porque el saber hacer del látex ya no existe aquí (o no en los volúmenes necesarios para servirte). ¿La ironía? Probablemente se producen allí con máquinas francesas exportadas hace años... No podemos inventar lo que ya no está, así que elegimos a los mejores artesanos, allí donde se encuentren.
Podríamos jugar con las reglas. La ley es bastante flexible: basta con que la última etapa de transformación se haga en Francia para conseguir el preciado sello.
Técnicamente, podríamos abastecernos al otro lado del mundo, atar un cordelito alrededor de un ramo o embalarlo en nuestro taller de Nantes, y decirte mirándote a los ojos: «Esto es Made in France». Legalmente, colaría.
Pero, sinceramente, sería mentirte. Y en Flowrette preferimos la verdad a una pirueta jurídica.
Un cordel no hace el Made in France
Querer un 100 % francés queda muy bien sobre el papel. ¿Y en la práctica? El algodón no crece en Francia. Si queremos ofrecerte accesorios textiles, la materia viene de fuera.
Con nuestras flores secas pasa lo mismo. Nos encantaría que cada tallo viniera del campo de al lado, pero la realidad es que las explotaciones florales francesas siguen siendo demasiado pocas para cubrir la demanda. Y las flores se secan mucho mejor en Italia, al sol, que en la Bretaña francesa. Damos prioridad a la proximidad siempre que podemos, pero nos negamos a mentirte poniendo un origen Francia a una materia que ha cruzado fronteras.
La materia prima no siempre habla francés
Todo el mundo dice querer Made in France. Pero la verdad económica es la que es: producir el 100 % en Francia sale caro. Muy caro.
Si mañana lo trasladáramos todo a producción local, nuestros precios se multiplicarían por 4 o por 5. ¿Estarías dispuesta a pagar 200 € por un ramo en lugar de 45 €? La respuesta honesta, para la mayoría, es no. Y es totalmente lógico.
Nuestra misión en Flowrette también es hacer accesible la artesanía, no convertirla en un lujo reservado a unos pocos.
El precio real de lo local
En lugar de perseguir una certificación «Made in France» a veces difusa, hemos elegido dos pilares: la honestidad y la transparencia.
Nuestras manos están aquí: poco a poco producimos cada vez más localmente. Nuestros ramos, nuestras velas… se elaboran a mano, uno a uno, por nuestras floristas y artesanos en nuestro taller cerca de Nantes. Ahí está nuestro verdadero valor añadido.
Nuestros socios están elegidos: cuando no podemos hacerlo en Francia, buscamos el mejor saber hacer en otro lugar, con socios que respetan nuestros valores de calidad y de humanidad.
Nuestra visión: la proximidad por encima de la etiqueta
¿Por qué te contamos todo esto?
Porque pensamos que mereces algo mejor que un marketing perfectamente pulido. Preferimos explicarte por qué este jarrón viene de tal sitio o por qué tal flor no es francesa, antes que dejarte creer en un cuento de hadas. Comprar en Flowrette es apoyar a una empresa que asume sus contradicciones y que pelea, cada día, por hacerlo lo mejor posible. Esa es nuestra visión del verdadero Made in France.
«No buscamos la perfección, sino la mejora constante. Cada día aprendemos a hacerlo un poco mejor que ayer para que Flowrette sea una marca de la que tú —y nosotros— podamos sentirnos orgullosos.»
Lo que priorizamos cuando no es francés
1
Si no es en Francia, ¿dónde (y por qué)?
Cuando el saber hacer ya no está aquí, no nos vamos necesariamente al proveedor más barato. Buscamos la excelencia. ¿Nuestros criterios? Condiciones de trabajo dignas y una calidad que haga que tu producto Flowrette dure años, no semanas. La durabilidad también es ecología.
2
La exigencia del oficio (aunque sea lejos)
Si nuestras flores artificiales vienen de Asia es porque allí son los únicos que aún dominan esa ilusión de lo vivo con el látex. Allí es un oficio artístico. Preferimos una flor excepcional hecha en Asia con una máquina histórica que una copia mediocre hecha en otro lugar.
3
El reflejo «vecinos primero»
Si no es en Francia, miramos primero a nuestros vecinos más cercanos. Nuestras flores secas vienen mayoritariamente de Holanda, Italia o España. ¿Por qué? Porque allí el clima es más benigno y las estructuras agrícolas llevan décadas rodadas. Son menos kilómetros que la gran importación y una garantía de normas sociales europeas.
4
La obsesión por la durabilidad
Odiamos lo desechable. Venga un jarrón de Portugal o de Francia, nuestro criterio número 1 sigue siendo su solidez y su diseño atemporal. Creemos que un objeto fabricado un poco más lejos pero que se queda en tu salón durante 10 años es mucho más ecológico que un producto «local» de mala calidad que acaba en la basura a los seis meses.
5
Sin fábricas fantasma
Elegimos socios, no proveedores anónimos. Nos aseguramos de que las condiciones de trabajo sean dignas y de que se respete a los artesanos. No trabajamos con fábricas cuyo rostro no conocemos. Preferimos sentirnos orgullosos de la persona que hay detrás del producto, sea cual sea su nacionalidad.
Work in Progress: Flowrette mejora
No somos perfectos, pero progresamos. Cada año intentamos pasar una nueva gama a una producción más local. Probamos con pequeñas granjas florales francesas, buscamos talleres de cerámica cercanos. A veces funciona, a veces el precio final nos obliga a dar marcha atrás para seguir siendo accesibles. Avanzamos a tientas, pero avanzamos.
El «Made by Flowrette», nuestro verdadero orgullo
A falta de un 100% «Made in France» en cada etiqueta, garantizamos el «Made by Flowrette». Es nuestro equipo de apasionados en nuestro taller de Nantes. Son ellos quienes componen tus ramos, vierten tus velas y preparan tus paquetes con esmero. Comprar con nosotros es, ante todo, mantener vivo ese trabajo artesano, bien arraigado aquí.